Maldito Neptuno

Has aparecido y me has hecho entrar de lleno en mi infinito mar de emociones tormentosas. Un mar que tan pronto pasa de estar picado, como a presentarse liso cual  superficie de un plato. En cuestión de minutos.

En tu grácil y ligera apariencia encuentro al más hermoso de los elfos, derramando un almíbar en cuya fórmula no se esconde otra cosa que veneno. Me dá igual. En cuanto me lo sirvas voy a tragármelo de golpe, siendo consciente de todas las consecuencias, sin dejar de clavarte mi mirada sobre tus preciosos ojos. Es mi sino, vine a purificarme mediante el dolor.

Yo soy la dama oscura, la que ya ha localizado tu herida; tú el Hänsel inocente que, en este caso, duda si dejar entrar a la bruja. Pero también soy la Gretel, una pequeña desvalida cuya debilidad por lo peligroso la domina por completo.

Hasta que me permitas acceder, e incluso si no lo haces, seguiré embriagada de tu almíbar, sufriré indigestión y te olvidaré… para recordarte cuando quiera con una ternura sólo comparable a tu (quiero imaginar) noble corazón.

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